Las horas marcadas

Salió del colegio un poco contrariado. Un día más, sin respuestas.
Mientras caminaba por la acera que rodeaba el centro educativo, pudo observar algunos compañeros de aprendizaje: rostros de indiferencia, de significados vagos. Si, las mismas expresiones de todos los días y que viste traje de estudiantes, obreros, abogados, políticos, secretarias, y en algunos casos, hasta de presidentes; pero, Willie Lamp no sentía que formaba parte de ese rostro de la sociedad.
Era el día esperado. La tarde comenzaba. Tiempos atrás, Lamp, había decidido comprar una computadora portátil. Su mamá no tenía los recursos suficientes para obsequiarle el instrumento que más deseaba su hijo para estudiar, investigar y comunicarse con el mundo. Se puede decir, que fue su primera decisión y que conllevaría a otras que marcarían su vida. No lo sabía para ese momento, pero es que la vida no avisa cuando se tejen las redes del destino. Día tras día y después de clases, trabajaba en una franquicia. Limpiando baños y pisos, organizando paquetes de pan, friendo carne, haciendo hamburguesas o hasta cobrando por los combos del día. Trabajó motivado por el hecho de adquirir un medio para entrar a las bibliotecas más importantes del mundo, conocer las obras de artes de los grandes museos, con un click. Conocer las ciudades del mundo a través de páginas web de fotografías. El sólo hecho de que podía tener una colección de libros digitales en su computadora lo inspiraba en los momentos cuando ya sus manos no querían continuar lavando baños.
Caminó hacia la parada buscando el transporte que lo llevaría a la tienda de computación. El desespero es grande cuando los deseos ya no caben en el pecho. Sólo había pasado cinco minutos en la parada, y para Lamp, el tiempo se había detenido. Le inquietaba los segundos y no podía contener la alegría. Su mente repasaba una y otra vez la misma imagen. La pantalla luminosa de la portátil iluminando su cuarto. Se decía, que los esfuerzos son pocos cuando las ganas son grandes. Llegó el transporte. Subió. Ni siquiera se percató lo hacinado que estaba. Camino por el pasillo para llegar hasta el final cuando un saludo interrumpió el paso.
˗˗Willie, hola ˗˗Saludó una persona amablemente.
˗˗María, que alegría de verte ¿Cómo has estado? ¿Y qué haces a esta hora de la tarde en un transporte público? ¿Y tu carro? ¿Y la oficina? ˗˗Dijo el aludido.
˗˗Pedí permiso en el trabajo para salir más temprano, y así, buscar el carro que está en el taller. Pero ya lo arreglaron ¡Por fin! Fueron pocos días pero, en verdad, los transportes son todo un submundo dentro de la ciudad˗˗Comentó María.
˗˗¿Y los niños? ¿El ambiente del trabajo?
˗˗Aquí, me quedo. Willie, mándale saludos a tu mamá. Dile… que ya conseguí… la libreta con los números. Pregúntale, cuándo va a volver a trabajar en la casa. Es más, la necesito. Dile que la necesito. Lo demás… todo bien. Bueno, un poco intenso ˗˗Fue lo último que escucho Lamp en el poco espacio que había entre el calor y las personas.
El transporte se estaba demorando debido al fuerte tráfico dentro de la ciudad. Después que el chofer pudo evadir varias rutas trancadas, ya por fin estaba cerca de la tienda. Lamp pidió la parada. Se bajó. Caminaba con pasos rápidos como su deseo de conocer el mundo. Sólo media cuadra faltaba. El sol pegaba directamente en el sudor que recorría la frente del ilusionado. Que fuerza se agarra cuando se siente próximo, muy próximo los deseos realizados.
Entró al pequeño centro comercial. Llegó al local. Abrió la puerta. El aire acondicionado era como agua fresca para su rostro. Buscó al vendedor que le transmitiera mayor seriedad para la venta. Y pidió la computadora portátil con el nombre de la marca y modelo. Unas semanas antes ya había ido a la tienda para cerciorarse del nivel de existencia y el precio. Esperó. El vendedor llegó con la caja más bella que Willie no había visto jamás. Allí, estaba su instrumento para estudiar, conocer y hasta para entretenerse. Ramiro, así se llamaba quien le prestó el servicio, llevó la computadora hasta la cajera. A esa hora no había muchos clientes. La tienda estaba algo vacía. Esto, alegro más a Lamp porque no debía esperar mucho para regresar a su casa. En especial, para probar que la computadora funcionara a su nivel esperado. Ya frente a la cajera y con dinero en mano, llegó el golpe más duro. Cuando ya iba a cancelar, la cajera anunció el precio que debía pagar.
Si, el precio había cambiado. Tanto, que no daba oportunidad de pedir rebaja o un profundo discurso que permitiera llegar a un acuerdo con la tienda. Por primera vez, las malas políticas del gobierno habían entrado al mundo de Willie. Por la puerta grande. Y sin pedir permiso. Se desesperó. Se notaba. Todos en la tienda lo notaron. No, por violentarse o montar un drama emocional. Lamp era el vivo reflejo de lo que estaba viviendo el país.
Unos ojos inquietos salieron de la tienda. No se despidió. Algo inusual para el personaje. El sol lo esperaba. Comenzó a caminar entre las aceras. La ciudad es más dura cuando el alma duele. Había decidido cruzar las calles y aceras caminando. Sabía que sus pies continuarían, un tiempo más, pegado a la tierra. Ya no eran tiempos para aspirar. Tampoco, para tener el mundo a través de una pequeña ventana portátil.
Lamp, hasta ese día, ignoró como las políticas de Estado pueden afectar la vida de un ser humano. Comenzó a entender que la falta de visión, o el egoísmo, de unos pocos dirigentes pueden entrar hasta su cuarto, a su propio mundo.
Un momento muy duro puede cambiar la vida de un ser humano. Y Lamp estaba viviendo ese momento.
He allí, donde salen los valores aprendidos para fortalecer al hombre o los traumas para decidir el camino a seguir. Ya los pasos dejaron de ser vacilante para Willie. Había tomado una decisión entre esquina y esquina como los boxeadores. Lo primero para hacer, era salir de la indiferencia ante la historia que estaba viviendo su nación. La historia lo estaba golpeando para que reaccionara y él entendió que debía responderle.
Entró a su casa. Saludo a su mamá. Ya estaba cocinando la cena. Llegó a su cuarto y encendió la lámpara.
˗˗¿Qué hacer? ˗˗Reflexionó˗˗ Tantos meses luchando, trabajando, por un objetivo que me llevara a una meta mayor y ahora no están. Y pensar… que si trabajo dos meses más para comprar la computadora, cuando vaya a la tienda, ya el precio será otro. Es ir detrás de una inflación que no detiene, que nos traga ¿Qué hacer? Y ahora, se suma esta inquietud tan grande que surge ante el hecho de ver. Si, ver lo que está pasando en mi país. No sólo me duele no tener la computadora como tal, que me priva de experiencias de vida y de las investigaciones que iba a realizar para mis estudios sino que ahora, este dolor por mi país ¿Dónde estaba, que no logré ver lo que está ocurriendo? ¿Qué sucede con mis compañeros? ¿Serán que duermen con la indiferencia como estuve yo?
Salió del cuarto y fue a sentarse en la mesa para cenar junto a Juana. Par de huevos con pan y mayonesa había esa noche. Le refirió a su mamá lo ocurrido. Le preguntó qué hacer.
˗˗Lucha, Kike ˗˗Juana, lo afirmó con contundencia˗˗ Lucha, lucha, lucha. Pero… lucha a partir de conocimientos adquiridos, con algo que te respalde, con una profesión. Yo luché, me esforcé, Willie, pero sin una carrera, sin una profesión y la cuesta ha sido muy arriba. No lo pude lograr. En cambio… tú… te has preparado, desde muy pequeño, para que tengas la actitud y las herramientas para que puedas tener una profesión. Y no sólo ello, sino que estés entre los mejores ¿Y es importante? Seguro. Estando entre los mejores puedes elegir, te puedes dar a conocer, te buscan para que produzcas. Los buenos y los excelentes tienen las puertas abiertas en, casi, cualquier lado. Y lo estás haciendo, Kike. Yo por más que he sido buena en mi labor, siempre he tenido un límite. Las domésticas no podemos aspirar. Pero, tú si puedes.
˗˗¿Pero cómo, si ya no puedo comprar la computadora para prepararme?
˗˗Hoy, no la pudiste comprar ¿Pero mañana? ¿Acaso que el destino lo decide es sólo un momento? No. Las decisiones que eliges cada día son las que construyen tu destino, lo que eliges como forma de vida.
˗˗Hay mamá debiste ser docente. Como en la escuela se necesitan Maestros. Maestros de verdad, que nos enseñen a construir un país, nuestros destinos.
˗˗Y ya tú ves… que no lo soy. He tenido que ser doméstica, y ahora, cocinera para poder producir. Pero quien quita, que más adelante comience a estudiar y los dos seamos profesionales ¿Docente? ¿Y por qué, no? Docente y cocinera. Soy vieja pero pa´lante.
˗˗¿Y qué hacer con la situación del país? ¿Qué opinas? Hoy, tuve un sacudón. Que en tres semanas la inflación suba a un nivel que no puedes comprar algo indispensable, o peor ni lo consigas, es para preocuparse. El país no está bien y peor están los ciudadanos que se dejan llevar por la indiferencia. Me tocó, Mamá, y fuerte ¿Y con este sacudón, me hago el indiferente? ¿Me hago la vista gorda ante la historia?
˗˗¿Y qué puedes hacer? ¿Qué quieres hacer?
˗˗No lo sé. Pero indiferente, no. Hoy, vi que los estudiantes universitarios están en las calles.
˗˗Bueno… tienes dos opciones, por lo que veo. Puedes salir a protestar y quemar, a través de los cauchos, tu impotencia y arrechera o…
˗˗No, no es eso, Mamá. No es salir a descargar arrechera contra un gobierno que no da respuesta. Es ¿Qué hacer para construir un país? Pero sobre todo ¿Qué hacer para que las personas quieran una mejor nación? Porque los políticos hacen desastres pero son los ciudadanos quienes aceptan que el desorden y el caos se impongan ¿Cómo? Con indiferencia, con falta de planteamientos y de organización para accionar mecanismos que permitan hacer verdaderos cambios. Mamá, no debemos aceptar la mediocridad. Organizarse con ideas nueva es la clave ˗˗Dijo Willie.
˗˗Hijo… ahora soy yo la que dice que deberías ser político. Seguro que serías muy bueno.
˗˗Sabes… muchos son los que ven la solución en los políticos para cambiar los problemas, pero lo que hace falta son buenos ciudadanos. Puede venir un mesías-salvador como presidente pero sin buenos ciudadanos, el país no cambia. Y si hay buenos ciudadanos en su mayoría, los malos políticos no tendrían cabidas en nuestro país. La gente no lo aceptaría. He allí, la importancia de un buen sistema educativo que permita formar ciudadanos de la República, buenos seres humanos. Pero todavía, tenemos un modelo educativo que nos llena sólo el intelecto de información. Y que muchas veces, ni siquiera se entiende para poder aplicarlo y mejorar nuestra sociedad.
˗˗Hijo, es preferible saber que ignorar, así sea información intelectual.
˗˗Te pongo un ejemplo, Mamá, para que entiendas. Pregúntale a uno de mis compañeros de sección, o a cualquiera en el colegio ¿Cómo puede contribuir para mejorar el país con la información que le ha dado el sistema educativo desde que entró en bachillerato? Dudo que alguien te responda con certeza. Con tantas asignaturas, horas vistas de clase, evaluaciones, guías y demás… y no hay nada… nada o casi nada… que nos permitan tener un conocimiento de cómo mejorar nuestra sociedad. Hay que verle el ojo a la cara, como se dice. Son cinco años de estudio y es muy escaso el conocimiento cierto para que seamos mejores seres humanos, ciudadanos, para construir el país.
˗˗Hay hijo… es muy profundo el tema para mí. Ya es tarde. Es hora de dormir.
˗˗No, Mamá. Es hora de despertar. Es momento para salir a luchar por esta nación. A partir de mañana, voy a salir a luchar por la nación que me parió.

Por Milton Blanquin

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